
Los quince minutos de fama que prometió Andrés se han perdido en unos descuentos interminables.
Una agrupación de pelotudos que repiten de memoria a niñas impresionables frases echas robadas de verdaderas mentes brillantes. Una manada de groupies corriendo atrás de una camiseta. Juran proezas, narices llenas y hablan del amor y del arte.
Rebeldes cibernéticos reclutando odaliscas para su harem que tanto saben de baile como un mimo de retórica. En constante pose buscando ser distintos del que va adelante. Al fin de cuenta son más parecidos que subversivos.
Tanto se preocupan que al final conforman una tribu de macacos a cuerda que morirán en el olvido.
¡Ay, pobrecitos genios incomprendidos!
No los entendemos porque poco creemos sus versos cuando superamos la pubertad. Nuestra capacidad de estupefacción se desvanece y volvemos a la matriz a buscar confort en lo más casual. Un libro, otra pitada, una canción, aquella película o una tarde para caminar.
Nunca comprenderán la hermosura de la sangre derramada sobre un lavamanos blanco, o el goce de una vida en tres acordes. Prefieren ser raros y burlarse de lo mundano.
¿Pero que podremos saber nosotros, pobres diablos, sobre estas nuevas celebridades?
Pendejas conventilleras que juran que todos somos hijos de la madre Tierra y rompen botellas contra las paredes porque la locura esta de oferta.
Recitan mantras cuando suena una balada, para así aislarse y jactarse de incomprendidas ante tales payasadas de las almas menos interesadas. Sin embargo su concentración mengua preocupadas porque sus bombachas tienen unas manchas de caca.
Me pregunto quien acumulará más flores en la tumba.
Deberías escribir más seguido. Hasta pronto! : )
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